tapamos nuestras clavículas con capas de vergüenza,
lloramos entre las curvas en las que la gente nos estrella,
callamos nuestras bocas vacías e un intento de llenar nuestros corazones,
cantan las comisuras de mis labios los versos más tristes jamás contados,
y nuestras manos mudas, suplican a gritos una ayuda que las salve.
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